Un PSA elevado no significa automáticamente cáncer de próstata, pero sí merece una adecuada valoración urológica.
El PSA es una herramienta muy útil, pero su interpretación debe hacerse siempre dentro de un contexto clínico. La edad del paciente, el volumen prostático, los síntomas urinarios, los antecedentes familiares, el tacto rectal y la densidad de PSA (cifra de PSA/volumen prostático) pueden cambiar mucho el significado de una misma cifra.
Por eso, ante un PSA elevado, el primer paso no siempre es realizar directamente una biopsia.
Cuando se trata de una elevación moderada del PSA, especialmente con un tacto rectal no sospechoso, puede ser recomendable repetir la determinación aproximadamente a las 4 semanas, idealmente en el mismo laboratorio y en condiciones estandarizadas. Antes de repetir el PSA conviene evitar factores que puedan alterarlo: infección urinaria, instrumentación urológica reciente, eyaculación en las 48 horas previas o ejercicio físico intenso, especialmente ciclismo, también en las 48 horas anteriores.
Cuando el PSA sigue siendo sospechoso, la resonancia multiparamétrica de próstata se ha convertido en una herramienta fundamental. Nos ayuda a localizar lesiones sospechosas, valorar mejor el riesgo y decidir si realmente está indicada una biopsia.
Y cuando la biopsia es necesaria, la biopsia dirigida por fusión de imágenes ecografía/resonancia permite tomar muestras más precisas de las zonas sospechosas, mejorando la capacidad de detectar tumores clínicamente significativos, con respecto a la biopsia clásica.
El objetivo no es biopsiar más, sino biopsiar mejor. Ni sobrediagnosticar tumores poco agresivos que quizá solo necesiten vigilancia, ni retrasar el diagnóstico de tumores que sí requieren tratamiento.
En el cáncer de próstata, la precisión empieza mucho antes del quirófano: empieza interpretando bien el PSA y eligiendo correctamente los siguientes pasos.





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